martes, 14 de febrero de 2012

Literatura puertorriqueña

Espa 4232

Dra.  Ana E. Irizarry

Proyecto para la certificación de maestros




1.      Objetivos específicos del curso

ESPA 4232

LISTA DE LECTURAS
ESPA 4232
LITERATURA PUERTORRIQUEÑA II

1.      
“Canción de las Antillas”
Luis Lloréns Torres
2.      
“Ten con ten”
Luis Palés Matos
3.      
"Majestad  negra"
Luis Palés Matos
4.      
“Mulata Antilla”
Luis Palés Matos
5.      
“A Julia de Burgos”
Julia de Burgos
6.      


7.      
“Conversión de la maestrita rural Isabelita Pirinpín”
Emilio S. Belaval
8.      
“Tiene la noche una raíz”
Luis Rafael Sánchez
9.      
“La carta”
José Luis González
10.                        
"En el fondo del caño hay un negrito"
José Luis González
11.                        
“La noche que volvimos a ser gente”
José Luis González
12.                        
“Los inocentes”
Pedro Juan Soto
13.                        
“Pollito chicken”
Ana Lydia Vega
14.                        
“La muñeca menor”
Rosario Ferré
15.                        
“Milagros, Calle Mercurio”
Carmen Lugo Filippi
16.                        
“Pulseando con el difícil”
Ana Lydia Vega
17.                        
"La historia y la literatura en la mitad del siglo XX"
Ana E. Irizarry González  
18.                        
La guagua aérea
Película basada en el texto de Luis Rafael Sánchez
19.                        
“Será la rosa”
Ángela María Dávila
20.                        
“Marina y su olor"
Mayra Santos Febres





CANCIÓN DE LAS ANTILLAS-LUIS LLORÉNS TORRES



LA CANCION DE LAS ANTILLAS
Luis Lloréns Torres

¡Somos islas! Islas verdes. Esmeraldas
en el pecho azul del mar.
Verdes islas. Archipiélago de frondas
en el mar, que nos arrulla con sus ondas
y nos lame en las raíces del palmar.

¡Somos viejas! O fragmentos de la Atlante
de Platón,
o las crestas de madrépora gigante,
o tal vez las hijas somos de un ciclón.
¡Viejas, viejas!: presenciamos la epopeya resonante
de Colón.

¡Somos muchas! Muchas como las estrellas.
Bajo el cielo de luceros tachonado,
es el mar azul tranquilo
otro cielo por nosotras constelado.
Y las aves, en las altas aviaciones de sus vuelos,
ven estrellas en los mares y en los cielos.

¡Somos ricas! Los verdes cañaverales,
más frescos que los gramales
de un verjel,
son panales
de áurea miel.
Los cafetales frondosos,
amorosos,
paren granos abundantes y olorosos.
Para el cansado viajero
brinda sombra y pan y agua el cocotero.
Y es incienso perfumante
el aroma hipnotizante
del lozano tabacal.
Otros mares guardan perlas en la sangre del coral de sus entrañas.
Otras tierras dan diamantes del carbon de sus montañas.
De otros climas son las lanzas, los vinos y los cereales.
Berlín brinda con cerveza. París brinda con champagne.
China borda los mantones orientales
y Sevilla los dobleces de la capa de Don Juan...

¿Y nosotras?... De tabacos y de mieles
repletos nuestros bajeles
siempre van.
¡Mieles y humo! Legaciones perfumadas.
Por la miel y por el humo nos conocen en París y en Estambul.
Con la miel rozamos labios de princesas encantadas.
Con el humo penetramos en el pecho del doncel de barba azul.
¡Ricas, ricas! Los bajeles que partieron
con las mieles, los tabacos y el café de nuestra sierra,
los bajeles ya volvieron,
los bajeles nos trajeron
las especies y las gemas de los cinco continentes de la tierra.

¡Somos indias! Indias bravas, libres, rudas
y desnudas,
y trigueñas por el sol ecuatorial.
Indias del indio bohío,
del pomarrosal sombrío,
de las orillas del río,
de la selva tropical.
Los Agüeybanas y Hatueyes,
los caciques, nuestros reyes
no ciñeron más corona
que las plumas de la garza auricolor.
Y la dulce nuestra reina Anacaona,
la poetisa de la voz de ruiseñor,
la del césped por alfombra soberana
y por palio el palio inmenso de los cielos de tisú,
no tuvo más señorío
que una hamaca bajo el ala de un bohío
y un bohío bajo el ala de un bambú.

¡Somos bellas! Bellas a la luz del día,
y más bellas a la noche por el ósculo lunar;
hemos toda la poesía
de los cielos, de la tierra y de la mar;
en los cielos, los rosales florecidos de la aurora
que el azul dormido bordan de capullos carmesíes
en la cóncava turquesa del espacio que se enciende y se coloca
como en sangre de rubíes;
en los mares, la gran gema de esmeralda que se esfuma
como un viso del encaje de la espuma
bajo el velo vaporoso de la bruma;
y en los bosques, los crujientes pentagramas
bajo claves de orquideas tropicales;
los crujientes pentagramas de las ramas
donde duermen como notas los zorzales....
todas, todas las bellezas de los cielos, de la tierra y de la mar
nuestras aves las contemplan en las raudas perspectivas de sus vuelos,
¡nuestros bardos las enhebran en el hilo de la luz de su cantar!

¡Somos grandes! En la historia y en la raza.
En la tenue luz aquella, que al temblar sobre las olas,
dijo “¡tierra!”en las naos españolas.
Y más grandes, porque aquí se conocieron
los dos mundos, y los Andes aplaudieron
la oración de Guanahaní.
Y aún más grandes, porque fueron
nuestros bosques los que oyeron
conmovidos
en el mundo de Colón,
los primeros y los últimos rugidos
del León.
Y aún más grandes, por que somos: en las playas de Quisqueya,
la epopeya
de Pinzón,
la leyenda áurea del pasado refulgente;
en los cármenes de Cuba
la epopeya de la sangre, la leyenda del presente,
de la estrella en campo rojo sobre franjas de zafir;
y en los valles de Borinquen,
la epopeya del trabajo omnipotente,
la leyenda sin color del porvenir.

¡Somos nobles! La nobleza de los viejos pergaminos señoriales
que venimos resonando por las curvas de los siglos ancestrales,
en las clásicas leyendas orientales
y en los libros de los muertos idiomas inmortales.
Nuestro escudo engarza perlas del dolor de Jeremías
y esmeraldas de aquel salmo de las hondas profecías
de Isaías.
He aquí el címbalo alado,
más acá de las etiópicas bahías,
que enviara en vasos de árboles al mar
su legado.
Aquí el mundo en otros tiempos humillado,
cuyas cúspides homéricas
fueron nidos de las águilas ibéricas
en sus sueños y en sus ansias de volar.
Nobles por lo clásicas: profetizadas de Isaías,
de Jeremías,
de David, de Salomón,
de Aristóteles, de Séneca y Platón.
Nobles por lo legendarias: góticas, cartaginesas y fenicias
por las naves que vinieron
de Fenicia y de Cartago y las que huyeron
en España de la islámica invasión.
¡Nobles, nobles! Que venimos resonantes
por las curvas de los siglos fulgurantes,
hasta el más noble de todos,
hasta el siglo de la raza, de la historia,
del heroísmo, de la fe y la religión,
del más grande de los siglos:
el de América y España,
de Colón y de Pinzón.

¡Somos las Antillas! Hijas de la Antilla fabulosa.
Las Hespérides amadas por los dioses,
las Hespérides soñadas por los héroes;
las Hespérides cantadas por los bardos
de la Roma precristiana
y la Grecia mitológica.
Cuando vuelvan las hispánicas naciones
a volar sobre la tierra como águilas;
cuando América sea América, que asombre
con sus urbes y Repúblicas;
cuando Hispania sea Hispania, la primera
por la ciencia, por el arte y por la industria;
cuando medio mundo sea
de la fuerte raza iberoamericana:
las Hespérides seremos las Antillas,
¡cumbre y centro de la lengua y de la raza!

LUIS PALÉS MATOS


Ten con ten
Luis Palés Matos
Estás, en pirata y negro
mi isla verde estilizada,
el negro te da la sombra
te da la línea el pirata.
Tambor y arcabuz a un tiempo
tu morena gloria exaltan,
con rojas flores de pólvora
y bravos ritmos de bámbula.

Cuando el huracán desdobla
su fiero acordeón de ráfagas,
en la punta de los pies
-ágil bayadera- danzas
sobre la alfombra del mar
con fina pierna de palmas.

Podrías ir de mantilla,
si tu ardiente sangre ñáñiga
no trocara por madrás
la leve espuma de España.

Podrías lucir, esbelta,
sobriedad de línea clásica,
si tu sol, a fuerza de oro,
no maduraste tus ánforas
dilatando sus contornos
en amplitud de tinaja.

Pasarías ante el mundo
por civil y ciudadana,
si tu axila -flor de sombra-
no difundiera en las plazas
el rugiente cebollín
que sofríen tus entrañas.

Y así estás, mi verde antilla,
en un sí es que no es de raza,
en ten con ten de abolengo
que te hace tan antillana...
Al ritmo de los tambores
tu lindo ten con ten bailas,
una mitad española
y otra mitad africana.





Majestad negra
Luis Palés Matos
Por la encendida calle antillana
va Tembandumba de la Quimbamba
-rumba, macumba, candombe, bámbula-
entre dos filas de negras caras.
Ante ella un congo -gongo y maraca-
ritma una conga bomba que bamba.

Culipandeando la Reina avanza,
y de su inmensa grupa resbalan
meneos cachondos que el gongo cuaja
en ríos de azúcar y de melaza.
Prieto trapiche de sensual zafra,
el caderamen, masa con masa,
exprime ritmos, suda que sangra,
y la molienda culmina en danza.

Por la encendida calle antillana
va Tembandumba de la Quimbamba.
Flor de Tortola, rosa de Uganda,
por ti crepitan bombas y bámbulas,
por ti en calendas desenfrenadas
quema la Antilla su sangre ñáñiga.
Haití te ofrece sus calabazas;
fogosos rones te da Jamaica;
Cuba te dice: ¡dale, mulata!
Y Puerto Rico: ¡melao, melamba!

¡Sús, mis cocolos de negras caras!
Tronad, tambores; vibrad, maracas.
Por la encendida calle antillana
-rumba, macumba, candombe, bámbula-
va Tembandumba de la Quimbamba.






Mulata-Antilla

Luis Palés Matos

En ti ahora, mulata,
Me acojo al tibio mar de las Antillas.
Agua sensual y lenta de melaza,
Puerto de azúcar, cálida bahía,
Con la luz en reposo
Dorando la onda limpia,
Y el soñoliento zumbo de colmena
Que cuajan los trajines de la orilla.
En ti ahora, mulata,
Cruzo el mar de las islas.
Eléctricos mininos de huracanes
En tus curvas se alargan y se ovillan,
Mientras sobre mi barca va cayendo
La noche de tus ojos, como tinta.
En ti ahora, mulata...
¡Oh despertar glorioso en las Antillas!
Bravo color que el do de pecho alcanza,
Música al rojo vivo de alegría,
Y calientes cantaridas de aroma
-Limón, tabaco, piña--
Zumbando a los sentidos
Sus embriagadas voces de delicia.
Eres ahora, mulata,
Todo el mar y la tierra de mis islas.
Sinfonía frutal, cuyas escalas,
Rompen furiosamente en tu catinga.
 He aquí en su traje verde la guanábana
Con sus finas y blandas pantaletas
De muselina; he aquí el caimito
Con su leche infantil; he aquí la piña
Con su corona de soprano...Todos
Los frutos, ¡oh mulata! tú me brindas
En la clara bahía de tu cuerpo
Por los soles del trópico bruñida.
¡Oh, Cuba! ¡Oh, Puerto Rico!
Fogosas tierras líricas...
¡Oh, los rones calientes de Jamaica!
¡Oh, el aguacate de Santo Domingo,
Y el caldo denso de la Martinica!
Ahora eres , mulata,
Glorioso despertar en mis Antillas.


A JULIA DE BURGOS



A Julia de Burgos


            Por:  Julia de Burgos


Ya las gentes murmuran que yo soy tu enemiga
porque dicen que en verso doy al mundo mi yo.
Mienten, Julia de Burgos. Mienten, Julia de burgos.
La que se alza en mis versos no es tu voz: es mi voz
porque tú eres ropaje y la esencia soy yo; y el más
profundo abismo se tiende entre las dos.
Tú eres fría muñeca de mentira social,
y yo, viril destello de la humana verdad.
Tú, miel de cortesana hipocresías; yo no;
que en todos mis poemas desnudo el corazón.
Tú eres como tu mundo, egoísta;
yo no; que en todo me lo juego a ser lo que soy yo.
Tú eres sólo la grave señora señorona; yo no,
yo soy la vida, la fuerza, la mujer.
Tú eres de tu marido, de tu amo; yo no;
yo de nadie, o de todos, porque a todos, a
todos en mi limpio sentir y en mi pensar me doy.
Tú te rizas el pelo y te pintas; yo no;
a mí me riza el viento, a mí me pinta el sol.
Tú eres dama casera, resignada, sumisa,
atada a los prejuicios de los hombres; yo no;
que yo soy Rocinante corriendo desbocado
olfateando horizontes de justicia de Dios.
Tú en ti misma no mandas;
a ti todos te mandan; en ti mandan tu esposo, tus
padres, tus parientes, el cura, el modista,
el teatro, el casino, el auto,
las alhajas, el banquete, el champán, el cielo
y el infierno, y el que dirán social.
En mí no, que en mí manda mi solo corazón,
mi solo pensamiento; quien manda en mí soy yo.
Tú, flor de aristocracia; y yo, la flor del pueblo.
Tú en ti lo tienes todo y a todos se
lo debes, mientras que yo, mi nada a nadie se la debo.
Tú, clavada al estático dividendo ancestral,
y yo, un uno en la cifra del divisor
social somos el duelo a muerte que se acerca fatal.
Cuando las multitudes corran alborotadas
dejando atrás cenizas de injusticias
quemadas, y cuando con la tea de las siete virtudes,
tras los siete pecados, corran las multitudes,
contra ti, y contra todo lo injusto
y lo inhumano, yo iré en medio de
ellas con la tea en la mano.

TIENE LA NOCHE UNA RAÍZ - LUIS RAFAEL SÁNCHEZ


Tiene la noche una raíz

Luis Rafael Sánchez
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